Cuba I—Destino Improbable

Me acercaron el otoño pasado sobre la posibilidad de ir a un viaje de misión a Cuba, ¿me estás tomando el tomejo… ¡Cuba! Mi cabeza estaba girando ante la idea: “¿Se les permite a los estadounidenses visitar Cuba?”, “Un viaje como ese no estaba en nuestro plan de presupuesto para el hogar!”, “Ni siquiera tenía pasaporte”. Por lo tanto, la hoja de cálculo analítica que desarrollé tenía alrededor de 20 razones para no ir y sólo una para ir. La razón para ir es una vez que me he enfrentado algunas veces durante mi viaje de crecimiento espiritual, aquí hay algunos ejemplos: asistir a seminario; ser ordenado; llevar a un grupo de jóvenes a un viaje misional en el centro de la ciudad; completar un par de doctorados; completar algunas carreras locas; ir a Cuba!

Isaías 6:8 dice: “Entonces escuché la voz del Señor diciendo: “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?” Y yo dije, “¡Aquí estoy yo. ¡Envíame!” Este es el versículo al que me dirijo cada vez que siento que Dios me llama a hacer algo, especialmente aquellos cosas fuera de mi zona de confort, esas cosas que inicialmente considero “improbables”, pero Dios está diciendo “Confía en mí”.

Un buen ejemplo de esto sucedió cuando me detuvieron y me interrogaron sobre mi propósito de viajar a Cuba por un agente de inmigración en el aeropuerto de Miami mientras abordaba nuestro vuelo a La Habana. No voy a entrar en las razones legales o políticas para que los ciudadanos estadounidenses viajen a Cuba, pero hay restricciones. Pensé que estaba bastante bien versado sobre qué decir, pero tenía un problema… ¡No estaba seguro de si estaba respondiendo a un agente estadounidense o a un agente cubano! Al dejar de las respuestas, pensé que eran apropiadas, podía decir que el Agente no estaba impresionado con mis respuestas, ¡especialmente cuando me informó que se me negaría la entrada sin decir las palabras correctas! Para añadir a eso estaba ralentizando el embarque para las personas que sabían lo que estaban haciendo. Sólo tenía una opción y al cerrar los ojos dije bajo mi aliento, “Señor, si me quieres en Cuba, ¡debes intervenir ahora mismo!”

Inmediatamente la actitud y el tono del agente conmigo cambiaron y me “guió” a la respuesta adecuada que estaba buscando (por cierto resulta que iba por una “experiencia cultural”). Después de repetir esa respuesta, sonrió y me deseó un viaje seguro y agradable, ya que me permitió abordar el avión. ¡Gracias Dios por mostrarme que a través de Ti todas las cosas son posibles!

Durante las próximas semanas compartiré algunas experiencias de este viaje usando este blog. Como Dios guía, puedo desviarme a un tema diferente algunas semanas. Voy a tratar de publicarlo en inglés y español para que mis nuevos amigos cubanos puedan ser parte de esta comunidad. Ruego que las experiencias compartidas aquí toquen su vida y les recuerden lo grande que es Dios!

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